A lo largo de esta unidad hemos intentado mostrar cómo la capacidad de argumentar es fundamental en la comunicación humana. Comenzamos viendo en qué consisten los argumentos y cuáles son los elementos propios de un razonamiento (premisas y conclusión).El mundo de la publicidad da ejemplos constantes de argumentaciones, unas veces correctas y otras no tanto (incluso hay veces que se puede hablar de la publicidad subliminal).
Luego hemos desarrollado algunas nociones de la Lógica, para que seas capaz de establecer argumentos correctos o válidos (desde el punto de vista formal). Ahora toca esa parte de la unidad que prometimos al principio: enseñar los fallos, los errores propios del razonamiento; cuando nos equivocamos pensando que estamos en lo cierto, o bien cuando nos quieren engañar a través de razonamientos que parecen ciertos, pero que no lo son.
¿Te acuerdas de la pregunta que hacíamos en la Historia inicial? Si partimos de un enunciado como "si llueve las calles se mojan?", ¿puedo deducir algo? Ya sabemos lo que es un condicional, y que éste consta de dos partes (antecedente y consecuente). Podríamos hacer incluso la tabla de verdad de dicho enunciado, pero éste, por sí solo, no constituye argumentación alguna. Hace falta relacionar este enunciado con otro. Por ejemplo, si digo también "las calles están mojadas", entonces ¿puedo deducir que ha llovido?
¿Qué tipo de razonamiento sería, un Modus Ponens o un Modus Tollens? Pues ninguno de los dos. Si intentaramos deducir algo de estas dos premisas realizaríamos lo que se denomina una falacia, un argumento incorrecto, inválido (que, sin embargo, parece que es correcto).
Sobre ejemplos de este tipo irá el tema que ahora comenzamos.
RAZONAMIENTOS INDUCTIVOS:
Al principio de la unidad, en el tema 8, comentamos la dificultad inherente a la inducción. En el argumento inductivo, a diferencia del deductivo, no llegamos necesariamente a la conclusión a partir de las premisas (se suele decir que son argumentos que se basan en la probabilidad). En el caso más conocido de argumento inductivo decimos que pasamos de enunciados particulares a un enunciado universal o general. Es el caso en el que empezamos a contar, a observar algo, y concluímos que todos los casos de ese tipo tienen que ser así (que cumplir con esas características). ¿Te acuerdas de los cuervos?: un cuervo, dos cuervos, tres cuervos...
El problema es ¿puede haber un cuervo albino? ¿Cómo puedo saber que en el futuro todo seguirá siendo exactamente igual que en el pasado?
¿En qué se basa el argumento inductivo? Pues en la creencia de que las cosas seguirán siempre siendo del mismo modo. El filósofo que planteó esta cuestión fue David Hume, a través del conocido ejemplo de las bolas de billar.
Imaginemos que una persona que nunca ha visto el juego del billar asiste a su primera partida (Hume la llamó la hipótesis de Adán). Una persona normal, dice Hume, si no ha tenido experiencia previa, ¿puede inferir que cuando una bola golpea a otra, ésta se mueve? Sería un claro ejemplo de inferencia inductiva, pero ¿si no lo ha visto nunca antes, puede llegar a pensarlo?
Además, dice Hume, ¿por qué estamos tan seguros de que esto siempre será así? Sería más acertado en estos casos hablar de creencia que de saber, en el sentido estricto del término. Si analizamos el caso de las bolas de billar, e imagino que veo todo esto a cámara lenta, ¿de dónde saco la noción de que una bola, al golpear a la otra, hace que la segunda se mueva? ¿De dónde obtengo la noción de "causa"? ¿No sería más acertado decir que la repetición, el hábito de ver siempre lo mismo, me ha llevado a esta conclusión?
Pero ¿no has visto nunca jugadas imposibles?
Entre los razonamientos inductivos deberíamos pues distinguir entre distintos tipos. Lo más adecuado sería hablar de argumentos por causas y correlaciones, de argumentos por analogías y, finalmente, de inferencias hipotéticas. No son lo mismo. Veámoslo.
Argumentos por causas.
Es el caso de las bolas de billar, por ejemplo. Tengo que distinguir, según Hume, entre los casos en los que lo que existe es una causalidad efectiva, y aquellos en los que sería mejor hablar de simple continuidad. El principio de causalidad nos diría que cualquier hecho o evento tiene que tener una causa. En las ciencias naturales es indispensable establecer las relaciones entre causas y efectos. Un hecho puede tener, además, causas múltiples.
Si pongo la mano en el fuego me quemaré a consecuencia de ello (las causas anteceden a los efectos). Por eso los niños van aprendiendo de la experiencia (y corren tantos peligros). Cuando una bola de billar golpea a otra, la segunda se mueve a consecuencia de dicho golpe.
Argumentos por correlaciones.
Existen correlaciones cuando las variaciones estadísticas de una serie se corresponden con las variaciones de otra. Ahora bien, el problema es delimitar las correlaciones que ocurren por causalidad y las que son fruto de la casualidad.
Si observamos una estadística de grupos de fumadores y de no fumadores y, por otro lado, de su estado de salud, entonces tenderemos a asociar ambos hechos, y hablaremos del efecto que produce el hábito de fumar. Por otro lado, si alguien nos dice que en las noches de luna llena aumentan los casos de delitos de sangre o el número de partos, ¿pensaremos que tienen relación los hechos entre sí?
Argumentos por analogías.
Una analogía es una semejanza. Ahora bien, hay casos en los que se pueden extrapolar coincidencias y otros en los que no. Cuando hablo de los habitantes de un mismo país o región como si todos tuvieran unas características similares, está claro que estoy utilizando este criterio indebidamente.
Inferencias hipotéticas.
En el tema 5 expusimos casos prácticos de inferencias hipotéticas (el caso de Julio César y Cleopatra, por ejemplo). Siempre que intento explicar un hecho utilizando hipótesis (como en la investigación científica), lo que hago es postular un enunciado (o varios) como si fueran verdaderos, y extraer de ellos ciertas consecuencias. Es el caso típico de las investigaciones de los detectives de serie negra (o del CSI). Si tiendo la ropa por la noche y por la mañana está mojada...
FALACIAS
Una falacia es un razonamiento incorrecto, es decir, no válido (aunque pueda parecerlo). Pero ya hemos explicado que no debemos confundir validez y verdad. La falacia se caracteriza porque algo falla en el razonamiento mismo (es decir, no podríamos llegar lógicamente de las premisas a la conclusión).
En el primer tema de esta unidad (tema 5) pusimos algunos ejemplos de razonamientos incorrectos (¿recuerdas los casos de Crisipo?). En algunos de estos casos el problema era la ambigüedad de algunos términos, que nos permitía utilizarlos con dos sentidos distintos en distintas premisas, con lo que al final llegábamos a una conclusión disparatada (¿tú tienes cuernos o un carro pasa por tu boca?).
Otras veces, en cambio, lo que están mal son las premisas (partimos de premisas falsas que nos parecen verdaderas).
Finalmente, hay veces en que lo que está mal es la relación misma entre las premisas (que no es lógica).
FALACIAS MATERIALES/FORMALES:
Los griegos distinguían entre los paralogismos y los sofismas. Ambos serían tipos de falacias, pero mientras que en los primeros el razonamiento es incorrecto por error o ignorancia (falacia proviene de "fallo"), en los segundos hay una intención inequívoca de engañar a nuestro interlocutor.
Dentro de las falacias podemos distinguir también entre las llamadas falacias formales y las falacias informales o materiales. Llamamos falacias formales a aquellas en las que lo que falla es la forma del razonamiento, que parece correcta, pero no lo es. Mientras que las falacias informales (o materiales) serían argumentos convincentes pero intencionadamente incorrectos (por defectos de expresión o por la constitución misma del razonamiento).
Vamos a ver algunos ejemplos de falacias materiales:
- Falacia ad verecundiam: consiste en defender una conclusión simplemente porque alguien a quien se considera una autoridad ha dicho lo mismo (es el llamado "argumento de autoridad"). Por ejemplo: La Tierra no se mueve porque lo dijo Aristóteles (o la Biblia) -se decía durante la Edad Media-.
- Falacia ad hominem: ataca no el argumento de nuestro adversario, sino directamente a la persona, desacreditándola (es una falacia "dirigida a la persona"). Por ejemplo: no puede ser cierto lo que dice, porque ese no tiene ni idea de lo que habla (y además es un...).
- Falacia ad populum: apela a los sentimientos o prejuicios de la mayoría ("del pueblo") para que nos apoyen. También es llamada falacia demagógica o sofisma patético. Un ejemplo: los inmigrantes nos quitan los puestos de trabajo, luego hay que expulsarlos a todos (claro, a nadie le gusta que le quiten el trabajo, ¿no?).
- Falacia ad ignorantiam: algo es verdadero porque no se puede demostrar lo contrario. Ejemplo: los extraterrestres tienen que existir necesariamente, ya que nadie ha demostrado todavía que no existan (puedes cambiar el sujeto de la frase y poner lo que quieras en su lugar: duendes, hadas, brujas...). Pero es evidente que la falta de pruebas no prueba nada.
- Falacia ad baculum: muy común, tanto entre personas como entre países (significa "por la fuerza" o a bastonazos). Mejor que me hagas caso porque o si no... Podríamos decir que, más que un argumento, es una amenaza.Las falacias formales son argumentaciones en las que la conclusión no se sigue (ni necesaria ni probablemente) de las premisas. La forma misma del razonamiento es incorrecta, por lo que es imposible deducir lo que se dice en la conclusión.Los siguientes son los casos más conocidos de falacias formales:
- Falacia de la falacia o ad logicam: se suele pensar que si un argumento es una falacia, entonces su conclusión tiene que ser falsa (y no es así, necesariamente). Un razonamiento puede ser incorrecto y su conclusión, sin embargo, ser cierta. Por ejemplo: si los ángeles existen, entonces nos dicen cosas al oído; pero si nos dicen cosas al oído, entonces sentiremos un escalofrío. A veces sentimos escalofríos. (Esto último es cierto, pero no se deduce lógicamente de las premisas anteriores.)
- Falacia de la afirmación del consecuente: es una interpretación errónea del M.P., ya que pienso que cuando tengo un consecuente en un condicional, entonces puedo deducir el antecedente. Por ejemplo:si digo "si llueve las calles se mojan" y las calles están mojadas, entonces podré deducir que ha llovido. Pues muy mal, esto es una falacia.
- Falacia de la negación del antecedente: ocurre lo mismo, pero al revés. Es decir, cuando tengo un condicional y su antecedente negado. Es la interpretación incorrecta del M.T. Por ejemplo, si digo "si llueve las calles se mojan" y no ha llovido, pues concluyo "las calles no se pueden haber mojado".
PARADOGAS LÓGICAS:Las paradojas son enunciados que conducen a una contradicción lógica (o que son contrarias a lo que se llama el "sentido común"). Existen muchos tipos de paradojas diferentes, pero a nosotros nos interesan fundamentalmente las paradojas lógicas.En temas anteriores ya vimos algunas paradojas, como la del mentiroso ("Yo, Epiménides, como cretense, afirmo que todos los cretenses mienten") o la paradoja de Zenón (de Aquiles y la tortuga, que trataba sobre la imposibilidad del movimiento). Otras, en cambio, tratan sobre los problemas de una definición, como la llamada "paradoja del montón" (si voy quitando grano a grano, ¿cuándo deja de ser un montón?) o de un concepto matemático, como el infinito (un hotel infinito puede tener un número infinito de clientes y, por lo tanto, nunca estar lleno). También están las apasionantes paradojas de la Física: ¿si la luz viaja más rápido que el tiempo, a dónde va? o ¿podemos cambiar el pasado o el futuro si viajamos en el tiempo? Podríamos formular una variante de la paradoja de Fermi, pero aplicada al viaje en el tiempo: si nadie nos ha visitado todavía del futuro será porque no se puede viajar a través del tiempo, ¿no?Las aporías son razonamientos que esconden paradojas irresolubles en su seno. Por ejemplo, si inicio un razonamiento filosófico acerca de la Nada es probable que acabe en un problema, puesto que estoy hablando de algo, cuando en realidad la Nada no es algo, ¿no? Las antinomias, en cambio, son razonamientos que concluyen en enunciados que se autocontradicen. Por ejemplo, la paradoja de Russell nos lleva a una contradicción final sobre la teoría de conjuntos en matemáticas: ¿existe un conjunto de todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos?
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